Mandy POV
Desde que habíamos llegado no habíamos parado un momento, nos habían preparado una fiesta de bienvenida que duró hasta altas horas de la madrugada, como solía pasar en mi urbanización. Apenas había tenido tiempo de hablar con mi amiga y conocer sus pensamientos sobre todo lo que estaba ocurriendo. En un momento que logramos charlar, le prometí que al día siguiente la llevaría a la playa a comer pescaito, y ella me tomó la palabra.
Por fin se marcharon los últimos invitados, que como no, fueron Beatriz y Carmen, las que por supuesto se habían apuntado a la comida del día siguiente.
Indiqué a Patty cual sería su habitación y donde podía tomar un baño. Cuando ella salió del baño, entré yo mientras ella acomodaba sus cosas en los cajones que mi hermana había dejado libres, porque aunque ya no viviera allí, su habitación seguía repleta de sus cosas. Cuando ambas estuvimos con los pijamas puestos acompañé a Patty a su habitación, esperé a que se acomodara en su nueva cama y le di las buenas noches.
-Buenas noches Patty, que descanses.
-Buenas noches Mandy. Te quiero.
Cerré la puerta y entré en mi habitación, todo estaba tal y como lo había dejado, los posters de los Back Street Boys seguían en el mismo lugar, el calendario del 2010 de Luna Nueva seguía en su sitio en el mismo mes donde lo había dejado, el plano de Nueva York, el corcho con las fotos, era como si el tiempo no hubiera pasado. Me recosté en mi cama, esa a la que tanto había echado de menos, mirando hacia el techo, pensando en todo lo que me había ocurrido durante el último año, y me di cuenta de que nada había sido un error, que por mucho que echara de menos todo esto, la decisión que había tomado hacía casi un año, no había sido para nada errónea.
Todo estaba saliendo a la perfección, tal y como lo había soñado. Mi familia había recibido con los brazos abiertos a mi amiga, nunca había dudado de que eso pasara, porque ella era simplemente adorable. Por primera vez en mucho tiempo estaba siendo completamente feliz.
De repente una sensación extraña invadió mi cuerpo, supongo que no estaba acostumbrado a tanta felicidad. Estaba acostumbrado a que cada vez que la vida me daba una oportunidad de ser plenamente feliz, siempre pasaba algo que hacía que todo a mi alrededor se derrumbara, y tuviera que reorganizar poco a poco mi corazón y mi mente.
-Pero esta vez no ocurrirá.-pensé en voz alta-Merezco que por una vez en la vida algo me salga bien.
Sumida en mis pensamientos, poco a poco fui cayendo en un sueño profundo. Me esperaba un día ajetreado al levantar.
A la mañana siguiente fui la última en levantarme, cuando subí a la cocina Patty ya estaba terminando de desayunar, teniendo una charla muy entretenida con mi madre y con mi hermana pequeña. Las observé durante un rato, ellas no se habían percatado de mi presencia.
-Buenos días.-dije para hacerme notar.
-Buenos días.-dijeron las tres al unisono.
-¿Cómo has dormido Mar?-me preguntó mi Iria, ella me llamaba así.
-De escándalo, echaba de menos mi cama y mi almohada, creo que me la llevaré en la maleta. Y tu Patty, ¿qué tal descansaste?
-Amiga, tu sabes que yo me duermo en el filo de una espada si hace falta, y mas con el cansancio con el que acabamos ayer.
-Me alegro de que así sea.
-Marina,-dijo mi madre-¿vas a desayunar?
-Tomaré solo un zumo, no tengo mucha hambre. Ademas, a la 1 y media hemos quedado con Beatriz y Carmen para ir a comer a la playa, quiero que Patty conozca mis viejas costumbres.
-Bueno, pues tendréis que daros prisa en arreglaros.-dijo señalando el viejo reloj de la cocina que en ese momento señalaba las 12 en punto.
-Dios mio, no me había fijado.-dije sobresaltada-Bueno Patty siento romperte la charla pero debemos arreglarnos.
-Allá vamos.-dijo mientras se levantaba de la mesa de un salto recogiendo su taza del café, ella también había decidido no desayunar.
Cuando llegué a mi habitación tenía un mensaje en el móvil de Carmen que decía:
“Os esperamos en el quiosco del parquecillo tomándonos la primera. Un beso”
Era de costumbre en nuestro grupo de amigos tomarnos un par de cervezas antes de ir a comer a cualquier sitio, en mi caso me tomaba un par de tintos de verano fresquitos. Íbamos casi siempre a un quiosquillo que habían montado en el parque de Huelin hacía unos años, el dueño ya nos conocía y casi siempre nos invitaba a un par de rondas.
Nos arreglamos todo lo rápido que pudimos y nos pusimos de camino a mi antiguo barrio. Hacía un día estupendo, el sol brillaba en el cielo, ni una sola nube lo cubría, y la temperatura era la idónea para pasar un día de escándalo en la playa. Sólo habían unos veinte minutos de camino pero hablamos y planeamos un montón de cosas.
-Amiga.-me dijo Patty suavemente-¿Te cuento un secreto?
-Dime Patty.
-Bueno...-dudo al hablar-Es que resulta que...
-¿Quieres escupir ya lo que me quieres decir amiga?-le apremié.
-Bueno que nunca he visto el mar, y estoy super emocionada de que por fin lo voy a ver. No me lo puedo creer. Y todo esto es gracias a ti. Muchas gracias MandyLaut.-así es como me solía llamar.
-Amiga!Nunca me habías dicho que no habías visto la playa!Bueno, no son como las playas de tu país pero bueno están pasables.
Conforme nos acercábamos a la playa, Patty no paraba de mirar a un lado y a otro, mientras yo le contaba alguna que otra anécdota de mis paseos por la playa con Carmen por la noche.
-Cuando veas a Carmen le preguntas por el achucheitor.-le dije mientras reía recordando aquella noche.
-Lo haré te lo aseguro.
Cuando llegamos Beatriz y Carmen nos recibieron entre enormes carcajadas.
-Seguro que ya han hecho de las suyas.-le susurre a mi amiga.
Cuando Juan, el dueño del quiosco me vio de llegar se sorprendió y se alegró muchísimo de verme. Me estuvo haciendo un interrogatorio sobre como me había ido en mi estancia en México, y nos invitó a la primera ronda. Entre risas y diversión nos tomamos las tapitas correspondientes al aperitivo de la comida, y nos dirigimos hacia “El Corral de la Pacheca”, que es el sitio donde habíamos decidido ir, dando un paseo por la orilla de la playa, cosa que a Patty le encantó. Por el camino nos hicimos un millón de fotos saltando y jugando con la arena. Se la veía feliz, no paraba de sonreír, me encantaba verla así.